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RESEÑA: El asesino hipocondriaco, Juan Jacinto Muñoz Rengel




Buscaba un libro escrito en primera persona y uno de los títulos sugeridos era El asesino hipocondriaco, ya intuías por el título que sería una obra de humor, aunque yo personalmente no recuerdo haberme reído mucho, tal vez porque es un tipo de humor muy grotesco aunque sí es verdad que tiene su gracia pero no arranca una carcajada. En esta novela el humor digamos que cohesiona la historia, es aquel elemento que te permite seguir leyendo sin pensar que todo es un despropósito.

Un asesino con un último encargo y con una sensación de que va morir ese mismo día. Es la lenta agonía en la sala de espera de la muerte, de una muerte que parece que nunca llega y de ahí parte ese primer humor cohesionador.

A lo largo de la historia descubrimos que estamos ante un asesino, torpe, grotesco, casi esperpéntico, obsesionado con acabar con su objetivo porque según se describe él mismo es una persona con principios.

Los personajes dentro de la obra no tienen nombre propio tan solo se identifican con iniciales porque realmente los personajes lo que hacen es configurar un mundo surrealista, no tienen importancia en ellos mismos. El peso de estos está en esas acciones que realizan que nos llevan a una visión de la vida totalmente caricaturizada. El protagonista absolutamente preocupado por cumplir con su trabajo y por su propia muerte. Un asesino que en principio podríamos pensar que desprecia la vida del otro, pero que en el caso de nuestro protagonista lo disfraza de una cómica dignidad, quiere que la muerte de su objetivo sea respetuosa y todo ello nos lleva a un juego de contradicciones constante en toda la novela.

Algo muy interesante desde mi punto de vista ha sido la introducción de historias reales de algunos personajes de la historia, como por ejemplo, Poe, Proust, Voltaire, Kant y algunos hipocondriacos famosos.

En conclusión, esta novela merece la pena ser leída por estar enfocada de una forma muy original y porque detrás de ese humor grotesco hay un juego de dualidades bastante interesante.

M.B.

MICRORRELATO: El violador




Esperó durante horas, agazapado, en la oscuridad. Su presa no tardaría ya en aparecer. Escuchó unos pasos que se dirigían al ascensor. Salió de su madriguera, inmovilizó a su pieza con un rápido movimiento y la violó brutalmente. Sació su apetito bestial y la dejó tirada a merced de los carroñeros.
La víctima explicó todo lo sucedido ante el tribunal y la jueza, con sonrisa de hiena, preguntó: “¿Cerró bien las piernas mientras se producía la agresión?”

OPOSICIONES: Realismo y universalidad: don Quijote y Sancho Panza





Según Martí de Riquer Sancho Panza es el personaje que mejor representa el realismo español en la novela ya que es una mezcla de sentencias, agudezas, chistes y cuentos, en definitiva, se concentra en este personaje lo mejor de la ciencia popular y tradicional. Según este crítico el realismo español es sobretodo psicológico, es una representación absoluta del alma del hombre de su tiempo y por extensión el alma del hombre universal.

El personaje de Sancho Panza se mueve entre dos visiones de la realidad: la fantasía de don Quijote y la razón. Por un lado, motivado por su credulidad y su materialismo se deja llevar por las fantasías de don Quijote que le permiten tener la ilusión de llegar a conseguir ese poder con el que sueña. Por el otro, la razón le lleva a ver la realidad tal como es y donde su señor ve gigantes él no ve más que molinos. Todo esto que puede llegar a ser algo grotesco y admirable a la vez, le otorga un componente humano que trasciende al propio personaje.

El Quijote combina el materialismo y el idealismo de tal manera que forman parte de una misma cosa, las dos cara de una misma moneda. Así, vemos una realidad que aspira a traspasar los límites del localismo español para convertirse en una realidad universal.

La locura de don Quijote nos permite, por un lado, superar todo un mundo caballeresco que ya no existe pero que pervive en el subconsciente de la sociedad española del siglo XVI y, por otro, aceptar la forma de vida burguesa que ya se extiende por Europa. De alguna manera, El Quijote nos permite superar la fantasía y situarnos en la realidad, por eso vemos el uso constante de dualidades en la obra. Más allá de la crítica a los libros de caballería hay una clara intención superar un pasado inexistente y situarnos en el momento presente.

En definitiva, don Quijote vive en una realidad paralela a sus contemporáneos, pero esta realidad subjetiva del protagonista choca con la realidad objetiva y pone en evidencia el mundo de fantasía de don Quijote.De alguna manera, ahí está la tragedia del personaje que vive, como diría Américo Castro, en una constante “realidad oscilante”, entre la realidad y su realidad.

M.B.