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Autor: textospersonalizados

¿Cómo diferenciar enunciado, oración y proposición?




Existen muchas definiciones para cada uno de estos conceptos y, a veces, se confunden entre sí. Las definiciones que se muestran a continuación nos ayudarán a ver las diferencias que hay entre estos tres elementos.

Un enunciado es una secuencia de palabras con valor comunicativo, sentido completo y entonación propia.
¡Qué tarde!
He visto a mis amigos.
Son dos enunciados con características diferentes, es decir, en el primer enunciado vemos la ausencia de verbo, mientras que en el segundo enunciado, observamos la presencia de una verbo en forma personal. Este hecho nos indica que un enunciado puede tener o no verbo ( en forma personal o no). También nos indica que un enunciado está dentro de dos pausas muy marcadas, es decir el enunciado siempre acabará en punto.

La oración está formada por un sujeto y un predicado (excepto las oraciones impersonales que carecen de sujeto). El verbo en una oración siempre estará en forma personal.
(Yo) He visto (V) a mis amigos.
La proposición forma parte de la oración compuesta a través de la coordinación o subordinación a otra u otras proposiciones.
He visto a mis amigos (prop. 1) y me he ido con ellos (prop. 2).

Espero que os haya servido de ayuda esta pequeña explicación.

LA DESPEDIDA




Se había cortado al afeitarse. La sangre resbalaba por su mejilla hasta llegar a sus labios. Sabía a óxido. El espejo refleja a un hombre maduro y tranquilo. Las arrugas aparecían lentamente en su rostro con mirada juvenil todavía. Llamaron a la puerta y sin apenas limpiarse fue a abrir. Era María. “Te has cortado” le dijo. Él sin contestarle volvió al baño y acabó lo que estaba haciendo. Cuando salió ella estaba sentada en el sofá. “Me tomaría un café” le comentó ella, “ya sabes dónde está la cafetera” le contestó él. Su presencia ya no le incomodaba, pero hubiera preferido no volver a verla.
Su relación se había enfriado mucho desde la última vez que se vieron. Ella necesitaba tiempo para pensar y él no se lo había tomado demasiado bien. No sabía qué es lo que había pasado para que ella necesitara separase y pensar.
En dos meses él se había acostumbrado a su ausencia, al silencio, al orden que habitaba la casa desde que ella no estaba. Se había acostumbrado a no echarla de menos y poco a poco el piso de la pareja se había convertido en su hogar, en su refugio.
“Estás diferente, no sé, te noto cambiado”, le dijo ella mientras daba un sorbo al café. “Estás mucho mejor que antes, tienes una mirada interesante… no sé”, finalizó. Él no entendía muy bien que pretendía con sus palabras, de hecho, no entendía a qué había venido y esperaba con paciencia que ella le dijera algo interesante, en vez de dar rodeos absurdos. El silencio ahora era algo incómodo entre los dos, pero él no quiso facilitarle nada a ella, aún le guardaba rencor por su abandono inesperado. Por fin María se decidió a hablar, “me voy, me han hecho una oferta en Londres y… la he aceptado”. Él la miraba sin hacer ningún gesto, en realidad no comprendía si ella se justificaba con él o con ella misma. “Siento acabar con lo nuestro de esta manera, pero necesito marcharme”, dijo finalmente. “Si es lo que necesitas, haces bien en hacerlo”, y su rostro ni se inmutó. “No te importa, no? Di, te importa que me vaya?” le preguntó con cierto tono sarcástico. “No”, respondió él. “Bueno solo he venido a despedirme”, se dieron un abrazo y él la acompañó a la puerta.
Doce años después se iba el amor de su vida y ni siquiera sintió un pequeño vacío, más bien todo lo contrario, sintió alivio por una libertad recién estrenada, que casi no recordaba. Le pareció antinatural aquel sentimiento de libertad y quiso buscar en sus recuerdos algo que le hiciera sentir dolor por la pérdida de una vida pasada, pero recordaba a María casi como una extraña. Sí, había formado parte de su vida, pero ahora no era más que una imagen anclada en el pasado, ya no recordaba qué le enamoró de ella, ya no recordaba el tacto de su piel en sus dedos, ya no recordaba por qué habían pasado doce años juntos.
Salió de casa decidido a tomar una cerveza tranquilamente en el puerto. No tenía prisa para hacer nada ni para ver a nadie. Caminaba despacio, disfrutando de cada paso, miraba a su alrededor y por primera vez en muchos años veía lo que le rodeaba, los árboles, la hierba, los edificios antiguos y nuevos. Llevaba años viviendo allí y parecía un turista ante un paisaje espectacular, intentaba guardar cada imagen en su retina.
Cuando llegó al puerto se acercó a la playa antes de sentarse en la terraza del bar. La arena quemaba bajo sus pies descalzos pero enseguida el agua los calmó. Cogió agua con sus manos y la que quedó en ellas se la echó en la cara para refrescarse, cómo le escocía la herida de la mejilla, dolía como diez agujas cosiendo su rostro. El agua del mar cura las heridas, eso dice la gente.
En el bar del puerto le sirvieron la cerveza más fría que había probado. Sonrió y dio un sorbo a su nueva vida.

8 M DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER: “Mujeres anónimas y luchadoras”

 




Esta semana celebramos el día de la mujer trabajadora. Rememoramos a aquellas que se hicieron famosas por reivindicar derechos por y para la mujer, a aquellas que lucharon por conseguir una igualdad y que a fecha de hoy está muy lejos de ser real. Se nos olvida muchas veces aquellas mujeres anónimas que igualmente lucharon para que estemos donde hoy estamos, a aquellas que nos apoyaron en cada momento y que nos aportaron su granito de arena para que hoy seamos lo que realmente somos.

Somos personas que trabajamos dentro de un mundo en el cual tenemos que educar y enseñar para conseguir esa igualdad, para que no haya desigualdades sociales, de género, sexuales… Día a día intentamos construir una sociedad más igualitaria en la que todos somos iguales pero a la vez diferentes, porque en la diversidad está la riqueza. Educamos en el respeto, en la globalización de esta sociedad en que nos encontramos inmersos como personas y que cada vez es más caótica y desorganizada.

Tenemos la suerte de tener un trabajo con el que poder ir construyendo paso a paso una sociedad en la que nuestros peques sean felices y vivan sin plantearse los problemas reales de la sociedad (trabajos precarios, sueldos ridículos…) pero, a la vez, tenemos que fomentar la cultura del esfuerzo, porque sin esfuerzo no se llega a la meta, una meta que en muchos casos jamás es alcanzada y, en otros, cuando se alcanza no es lo que se esperaba.

Esas mujeres que lucharon por abrirnos puertas pensarían que el mundo a estas alturas de la historia estaría equilibrado, hombres y mujeres con los mismos derechos, obligaciones, salarios, puestos de trabajo… Si levantaran la cabeza seguramente se sorprenderían de que aquello que sembraron con tanto esfuerzo y sacrificio, hoy tan solo ha dado un pequeño fruto, tan pequeño, que las mujeres de hoy tenemos la obligación moral de seguir luchando por continuar su labor, tan importante para visualizar los problemas reales de la mujer en una sociedad, todavía hoy, masculinizada.

Nosotros, como docentes, debemos seguir luchando por conseguir la igualdad entre todas las personas que vivimos en esta sociedad, siendo fieles a nuestras creencias sin cerrar los ojos ante la realidad que estamos viviendo.

TRABAJAMOS EN LO QUE CREEMOS-LUCHAMOS POR LA IGUALDAD